viernes 23 de enero de 2009

De tizas y lluvias


Algún desconocido escribió al comienzo de la escalera que desciende a la parada de autobús un extraño mensaje: I hope you have a good day, Emily.
La fantasía me hizo pensar: ¿sería que aquel chico declaraba así su amor? ¿sería que hacía precisamente lo contrario, que con sorna le reprochaba haberlo olvidado? Insconscientemente, creí esta opción.

Aún pasaron algunos días, antes de que mensaje creciera: I STILL hope you have a good day, Emily. Vaya. La idea del reproche tomaba más cuerpo sin causa justificada.

La lluvia apareció al día siguiente como actriz invitada y al subir la escalera rumbo a mi universidad, pensé en aquel pobre mensaje con cierta paternal piedad. Se borrará pronto, me dije. Para lo bueno o para lo malo. En efecto, a pesar del gozo que me daba el olor a yerba humedecida, sentí piedad de aquel fantasma tal vez enamorado, al contemplar el charco que pesaba sobre la tiza.

Muy pronto lo olvidé. Tenía asuntos pendientes. Así que di mis horas de oficina y acudí a mis compromisos.



La encontré casualmente. Como siempre. Perfectamente hubiera podido esquivarla, pero me dejé llevar, impelido por quién sabe que fuerza extraña, justo a su lado. Una conversación vulgar entre algunos silencios. Una mano que mentalmente confunde sus falanges en otra mano y no cambia de sitio. Un darse cuenta de que aquel día que dijiste "esta vez no caigo" quemaste todas tus viejas promesas.


Pensé con absoluta lucidez que no era casual que cada uno de mis gestos fuera un eterno dialogar con ella en secreto. Pensé que era todo un error o un delirio. Pensé que debía fugarme de esa propia cárcel. Pensé que no quería niños de tercera generación, ni de segunda en América. Pensé que, quizá, ella había empezado a resultar insustituible para hacerme Los Angeles más tolerable.
Pensé por qué demonios me pensaba quedar allí, solo, con un dolor de tiza sobre el pavimento. Por qué no volvía a casa. Por qué no me iba ya, en el primer avión, para siempre hacia mi patria.


Ella hablaba de los Obama, un poco como todas. Con ese gesto lánguido de admiración que me parecía insidioso. "Ojalá alguien bailara conmigo de ese modo". Ironías del destino, quien bailaría a su lado nunca bailaría a su lado. En esa sala oscura de mi imaginación fui dando paso atrás hasta desaparecer del foco. ¿Acaso ella veía lo que yo? ¿Acaso sabía lo que mi silencio decía? Concluí la charla con esa tristeza que da saber que uno pone punto y final a una relacion especial y la otra persona no lo comprende. O no le importa. O no quiere modificar una coda tan brillantemente escrita. Que tristeza, sin embargo, ver que esa otra persona está pasando por delante de un mensaje escrito con tiza y no lo lee. Have a good day, Emily.

Cuando volví a pasar, sin embargo, por delante de la escalera que desciende hacia la parada, aún permanecía ese pálido aviso de amante despechado o condenadamente feliz. La tiza seguía. Y ya no había lluvia.

Sólo en mí se había borrado todo.

1 comentarios:

Pedro Garcia Millan dijo...

A COUPLE OF MOLOCH AXIS CLOWNS DANCING CHECK 2 CHECK


ALERTA!

La estafa automotriz mas grande en el territorio Mexicano…

Para MAS informacion pinche:

http://expoauto.blogspot.com/

Gracias