martes, 11 de noviembre de 2008

El rostro y la máscara: análisis bajtiano del Carnaval de Cádiz




En estos días en que doy vueltas a distintos abstracts para hacer un artículo, hay sobre uno en especial sobre el que querría hablaros, para compartir opiniones al respecto.


El Carnaval de Cádiz por lo común suene analizarse desde la perspectiva histórica (o incluso anécdótica), comparativa, bajo un enfoque descriptivo o teórico de la música y sobre los aspectos literarios que la letra encierra. Hay un elemento muy interesante en nuestro carnaval y es su enorme complejidad de registros. Es decir, cuando el grupo sale a las tablas empieza toda una serie de transformaciones, de máscaras que nos pasan desapercibidos porque estamos habituados.

Al leer a Bajtin, pienso que cuando hablaba de conceptos como polifonía (la coincidencia de varias voces o puntos de vista en la narración), heteroglosia, no imaginaba que estas ideas podían dar pie a reflexiones como las que vienen a continuación. El punto de vista de este pobre tipo (que pasó sin pena ni gloria hasta que el mundo lo descubrió en su humilde y brillante rincón apenas unos años antes de morir) siempre fue lo literario y cuando hablaba de carnavalización no pensaba más que en lo satírico dentro de las letras.

El hecho es que existen muchos motivos que hacen extraordinariamente complejo nuestro carnaval: variedad de modalidades, variedad de fuertes personalidades que actúan como ejes que aglutinan o fragmentan grupos distintos cada año, etc. Nuestro Carnaval sobre una misma base es siempre cambiante, aunque no nos demos cuenta.

En una simple actuación somos testigos de hasta cuatro registros:

  • la voz individual pública. Autores como "Yuyu", "Lobe", etc. al llegar la fiesta encarnan un personaje que es y no es su propia identidad. Es su yo carnavalizado, en el que hay huellas de cada uno de los personajes que ha encarnado (ejemplo: Yuyu= el que la lleva la entiende). Todo personaje de resonancia pública tiene esta segunda dimensión, pero en el Carnaval esto es más acusado, ya que el individuo anónimo (sea farmacético, profesor, periodista, guionista) se viste de su yo público por una temporada para volver a su identidad real y quizá anonima el resto del año. Estas identidades no sólo no se esconden durante la actuación sino que alimentan el juego ficticio: el miembro se ha transformado también él en personaje.

  • la voz de grupo. Generalmente sobre lo individual se impone el voz de agrupación: sea comparse, chirigota, etc. No ha de confundirse con la voz de tipo: esta está caracterizada en su forma de habla (Los guiris, Araka la kana), no sólo en su vestimenta. Las diferencias son visible ocasionalmente cuando los chirigoteros interpretan pasobles (en que abandonan el toque humorístico y por tanto el tipo) y cuando los comparsistas interpretan los cuplés, o en general cuando se cantan temas de actualidad que las limitaciones espaciales, temporales, lingüísticas que el tipo impone. En la voz de grupo, la agrupación se interpreta a sí misma como colectivo carnavalesco y gaditano.
  • El tipo. Se ejemplifica claramente en la forma de habla y en el vestuario. Es imprescindibles en la presentación y el popurrit. En el núcleo central de la actuación alterna entre la voz de grupo y el tipo. En muchos casos, la voz del tipo permanece invariable durante toda la representación. El tipo puede a su vez asignar distintos roles, como por ejemplo profesor -alumno (Una chirigota con clase)
  • La voz parodiada. Cuando Kadi City comienza su presentación, nos encontramos a la voz de tipo. Sin embargo, a la mitad el grupo habla por boca de la alcaldesa (sherofila). Es el ejemplo paradigmático de voz parodiada. Otras veces el grupo cae en lo que podría denominarse "anafasía" de la voz: cuando el grupo de Selu interpreta al marido papanatas en "Lo que diga mi mujer" no modifica su voz para el discurso femenino. Se limita a un estilo directo repetido y no a una voz parodiada.

A todas estas capas de la máscara, habría que añadir las capas que cubren el rostro, del autor, al miembro individual y de este al grupo. Pero ¿quién será capaz de llegar a tocar el verdadero rostro no ya en el Carnaval, sino incluso en la vida?

Hasta aquí las reflexiones de hoy. Seguiremos meditando.